Cada vez son más los estudios que muestran el auge del uso de la inteligencia artificial. Por mencionar tan solo uno de ellos, el 89% de los estudiantes universitarios la utiliza, según un análisis de la Fundación Conocimiento y Desarrollo.
Sin embargo, si bien contribuye a que podamos hacer tareas con mayor productividad y rapidez, un uso excesivo de la IA puede tener consecuencias perjudiciales. El Massachusetts Institute of Technology apunta que se reduce la actividad neuronal y esto puede debilitar la memoria y disminuir la capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera autónoma. La capacidad de asociación de ideas y de cálculo también pueden menguar.
Cuando abusamos de la IA, delegamos estas funciones a herramientas externas. «Dejamos de lado habilidades cognitivas que son muy importantes», como memorizar, afirma Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro e investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Dierssen avisa que «cuando las cosas no se utilizan, se pierden».
Lo explica en el siguiente vídeo:
Según Dierssen, es importante cultivar la plasticidad cerebral para no perderla. Por ejemplo, aprendiendo o memorizando cosas. «Cuanto más utilizas tu cerebro, más plasticidad tienes». Y esto tiene un impacto sobre cómo envejecemos; «tiene relación con cómo se produce el declive cognitivo asociado a la edad o la neurodegeneración, el envejecimiento normal o patológico».
Destaca las palabras de Santiago Ramón y Cajal, «el hombre es escultor de su cerebro», y recuerda que hay que fortalecerlo. «Lo que cuesta esfuerzo, deja huella», menciona, al mismo tiempo que añade que «no es un problema de tecnología en si sino de cómo la usamos».
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